Pablo Cañibano


El tipo de juego en la NFL está en constante cambio, y es tan evidente como que los gerentes y entrenadores de la liga copian a aquellos de sus colegas que acaban de tener éxito. Esos cambios rompen tendencias y generan a su vez otras nuevas que antes o después alguien volverá a desafiar y cambiar.

Uno de los últimos axiomas derribado en estos últimos años ha sido la necesidad de disponer de un backfield dominante para poder dominar el juego y ganar el gran partido. La llegada de una nueva generación de grandes talentos en la posición de quarterback de la mano de gurús ofensivos ha hecho que las estadísticas avanzadas desnudaran lo que ya hoy ni siquiera se discute, que se avanza mejor y más rápido por aire con el pase, que por tierra con la carrera. Y que no necesitas un running back élite para competir por el campeonato.

Al parecer, toda esta tendencia bajista de la posición de corredor se ha desplomado en el mercado de esta offseason en la que nos encontramos sumergidos desde febrero. O al menos, eso nos han contado. Pero ¿es realmente así?

En los cientos de artículos que se han escrito en los últimos meses sobre los principales nombres de la posición de corredor en el “mercado de running backs”, se han destacado a Josh Jacobs, Saquon Barkley, Austin Ekeler, Dalvin Cook y Tony Pollard. La realidad es que ninguno ha conseguido aún un gran contrato multianual esta offseason. El problema de todos estos nombres es que, técnicamente, ninguno de ellos ha salido realmente al mercado.

Si tomamos estrictamente la definición de mercado, este es “un lugar público de venta donde se establece la oferta y la demanda y en el cual se determinan los precios”. Teniendo en cuenta que Jacobs, Barkley y Pollard han sido taggeados, Ekeler aún tiene un año de contrato y Dalvin Cook ha sido cortado en el mes de junio (tras 3 meses de agencia libre con casi todo el pescado ya vendido), afirmar que estos jugadores han llegado a establecerse públicamente como oferta ante el resto de equipos de la liga quizá sea mucho decir. Sobre todos ellos, ha habido en todo momento un equipo que mantenía de una manera u otra el control sobre el jugador negándole por completo la salida a algo que pueda equipararse de forma real a un mercado.


La otra parte de la narrativa de este “mercado de running backs“ de la que tanto hemos leído, está en los nombres que sí han salido realmente a la agencia libre porque sus equipos, por una razón u otra, no tenían interés en retenerlos. Miles Sanders (26) y David Montgomery (26) han sido los únicos agentes libres en firmar acuerdos multianuales con al menos $6M de promedio -con cerca de 2 años garantizados-. Tras ellos, Jamaal Williams (28) y Samaje Perine (28) apenas consiguieron acuerdos de 2/3 años en torno a $4M de promedio. Por debajo quedan nombres como Rashad Penny, D’Onta Foreman, D’Ernest Johnson, Latavius Murray o Damien Harris, todos ellos buenos jugadores pero no del nivel del primer grupo que hemos enumerado en el párrafo anterior, y que no han llegado a firmar acuerdos superiores a los $2M de promedio anual. Leonard Fournette (28), Kareem Hunt (28), Zeke Elliot (28), Kenyan Drake (29), JD McKissic (30) o el legendario Mark Ingram (34) son otros de los ilustres nombres que forman parte de la jugosa oferta que el mercado de running backs ha puesto a disposición de los equipos de la liga estos meses. Todos ellos siguen aún sin firmar.    

En la NFL los equipos disponen de herramientas suficientes para retener a sus jugadores si lo consideran oportuno. Por un lado, la posibilidad de llegar a un acuerdo multianual antes de que el contrato del jugador expire con la llegada de la agencia libre, y en caso de no hacerlo, mediante la etiqueta de jugador franquicia, que es un contrato de un año por la cantidad equivalente al promedio de los salarios más altos de la posición. Si juntas los nombres del primer grupo y los salarios del segundo, y a ello le añades que la reciente subida del cap ha desfasado las cantidades firmadas años atrás por los grandes corredores de la liga (lo que convierte el franchise tag en un chollo), tienes la receta perfecta para que los jugadores top de la posición que finalizan contrato, o están cerca de hacerlo, no encuentren el contrato que buscan y que probablemente merecen. Porque, lo merecen ¿verdad?      

Para llegar al meollo de este asunto y averiguar si los equipos deberían pagar o no a los grandes running backs de la liga, y lo que es más importante, si la posición se está yendo a pique en este ciclo de la NFL pasadora, he compilado todos los argumentos a favor y en contra que recuerdo haber leído o escuchado estos últimos meses en torno a cuatro parámetros que quizá nos ayuden a definir las posibilidades de jugador o equipo a salirse con la suya en las duras negociaciones que están por venir antes de 17 de julio, fecha límite para las partes de cara a acordar a un contrato multianual. Pasada esa fecha, el jugador ya no podrá firmar nada más que el tag. Y tendrá sólo hasta apenas jugada la semana 10 de temporada para hacerlo, ya que pasada esa fecha sin firmar ningún tipo de contrato, se quedaría sin jugar en 2023.

1. Tipo de jugador

Hace unos días, Saquon Barkley volvió a hablar ante la prensa justo antes de que el equipo se fuera de vacaciones de verano y lanzó un potente mensaje acerca de cómo se sentía ante la circunstancia de verse taggeado y la evaluación del mercado en su posición. La respuesta fue tan evidente como reveladora por cuanto que todos hemos pensado en lo que dijo alguna vez, pero probablemente nunca unimos los puntos para ver toda la situación. Vino a decir que no todos los running backs son iguales. Que ni todos son igual de importantes para sus equipos como Derrick Henry, ni todos los equipos pueden permitirse competir con jugadores de perfil bajo en la posición, porque tienen el equipazo que tienen los Eagles o a Mahomes de quarterback. Dejando claro que él había soportado el mayor peso del equipo la temporada pasada y que valoraba incluso no jugar un año si para los Giants él era un jugador de $10M, que es lo que marca el tag para esta temporada.

Hablar de Henry es hablar de mucho más de 300 acarreos por temporada. Casi los que estuvo Saquon en el campo en 2022, menos de los que jugó Jacobs y probablemente menos de los que disputará Pollard este año en vista de los 230 acarreos que deja huérfanos Zeke Elliot en los Cowboys a sumar a los casi 200 que ya tuvo Pollard. Mayor carga de trabajo implica más confianza, pero también más riesgo. Es cierto que la liga empieza a proliferar en backfields por comité, pero no parece el caso de Giants, Cowboys, o Raiders si esperan que Jacobs juegue con ellos. Además, si el quarterbak junto al que formarán ya ha pasado por lesiones importantes, y está por dar un paso adelante porque no es élite, necesita más aún la presencia de una amenaza creíble por tierra para cerrar la caja, vender el play action y estirar el campo.

2. Edad y lesiones del jugador

Los datos revelan que a partir de los 28 años llega el declive de la posición, pero Barkley y Pollard apenas acaban de cumplir los 26. Jacobs los 25. Eso explicaría por qué no parece que conseguirán más de 2 años garantizados en un teórico nuevo contrato. También fue ese el garantizado que obtuvieron Kamara, Cook, Henry y McCaffrey cuando firmaron por última vez.   

Las lesiones podrían ser otro factor a tener en cuenta, pero Jacobs y Pollard apenas se han perdido 1 ó 2 partidos en cada temporada y Saquon, que sí ha pasado por bajas importantes, logró completar la temporada pasada jugando todos los partidos menos el que los titulares descansaron por no jugarse nada en la semana 17. Si Giants, Cowboys o Raiders quieren que sus running backs jueguen un año con el tag no pueden venderlo como un año de prueba, porque tanto por producción como por salud tienen poco que demostrar.

3. Situación del equipo

Esta es la menos obvia, pero me parece la más interesante. Dalvin Cook ha sido cortado recientemente por los Vikings, y no ha sido por edad (27) ni por bajo rendimiento (1468 yd y 10TD). Su equipo se encuentra en un reajuste del roster por parte de una nueva gerencia que acaba de llegar y está liberando jugadores veteranos con alto impacto en el cap como Adam Thielen, Dalvin Tomlinson, Zadarius Smith, Eric Kendricks, Patrick Peterson y el propio Dalvin Cook (que iba a ocupar $14M en 2023). Los $32M en dinero muerto que van a tener los Vikings esta temporada sugieren que apostar por Alex Mattison, que va a costar apenas $3.6M, sea un riesgo menor y más que asumible para un equipo en crecimiento y fuera de ventana de oportunidad.


Los Cowboys puede parecer que están en una situación similar tras dejar ir a Zeke Elliot y Dalton Schultz también por razones de cap, pero Pollard es el Mattison de los de Dallas y pasar al plan C en la posición de corredor no parece entrar en los planes de un McCarthy cuestionado. Además, la percepción de estar un poco más cerca de unos Eagles debilitados por sus pérdidas en roster y cuerpo de entrenadores, les puede hacer verse en ventana de crecimiento para ser contender en una NFC que parece estar más abierta que nunca. Por su parte, los Giants, aunque algo más retrasados, también parecen estar en ese proceso de crecimiento para reducir la distancia con sus rivales de división, y visto su dispendio a la hora de pagar a Daniel Jones y Dexter Lawrence, junto con la llegada de Darren Waller y Okereke, parece cuanto menos arriesgado vender la carrera y el play action del quarterback en manos de Matt Breida y el rookie de 5º ronda Eric Gray. En Nueva York el conflicto se agrava con Barkley porque este, además, es la cara de la franquicia, y si bien Joe Schoen (a juzgar por su pasado en Bills) no parece ser de los que se entusiasme pagando a sus corredores, Brian Daboll podría necesitarle para dar el paso adelante que necesita el juego aéreo del equipo y John Mara, el propietario, para no dar un paso atrás en su venta de camisetas y patrocinios. A veces olvidamos que esto es primordialmente un negocio antes que una competición. 

Caso diferente es el de los Raiders, aunque seguramente el más apremiante. Josh McDaniels va a empezar un nuevo proyecto en su segundo año en Las Vegas y su momento del proceso hace parecer que puede prescindir de Jacobs. Pero la situación con la lesión de Jimmy Garoppolo quizá le impida hacerlo con un corredor capaz de soportar en carga de trabajo y producción la mayor parte de su ataque. Todo ello si el plan no es dejarse llevar hasta uno de los mejores quarterbacks de la próxima clase del draft. Aunque estaría por ver si McDaniels sobrevive a eso.

Los contratos y el cap suelen dar muchas pistas también en este tipo de situaciones. Cowboys está en una situación difícil, con el cap justo para maniobrar durante la temporada pero con la reestructuración de Prescott en el horizonte de la próxima, cuando impactará casi $60M en el cap del equipo. Situación similar tiene Chargers con el contrato inminente de Herbert, lo que hace pensar que Ekeler buscará su último gran contrato lejos de Los Ángeles, de ahí que pueda tener sentido jugar un último año allí por un poco más. Por contra, para Raiders y Giants, extender a sus running backs en contratos multianuales puede ser la forma de abrir cap, ya que están al límite, y evitar reestructurar otros contratos de los que es preferible liberarse a final de temporada como pueden ser los de Chandler Jones y Leo Williams.           

Visto en perspectiva, parece que los running backs élite de 3 downs como los que nos ocupan, se han erigido como necesarios en procesos de crecimiento de equipos con quarterbacks promedio y con poca elusividad saliendo del pocket, o para ayudar a desarrollar a mariscales jóvenes. Pero se han empezado a ver como prescindibles para la última etapa del proceso, cuando ya se ha establecido claramente la ventana de oportunidad como contender, en la cual el coste de este tipo de jugadores es necesario para optimizar otras partes del roster, y para la cual se empieza a ver más evidente la necesidad de disponer de un pasador élite, lo que reduce a su vez la necesidad de talento y protagonismo en el plan de juego desde el backfield.

4. Vestuario y afición

Lo que piensen los entrenadores sobre cuánto necesitan a su running back importa, pero no es asunto menor cuánto lo valoren sus compañeros y cómo perciban estos el trato que les da el equipo. Establecer una cultura ganadora requiere de líderes, y estos a veces lo son. Además, requiere también discursos creíbles, y no hay discurso más creíble que el dinero. Pagar a tus mejores jugadores de casa de acuerdo a su contribución dentro del campo retroalimenta la motivación de los que entrenan y juegan cada día en busca de su gran día de pago. Romper esa dinámica puede ser devastador para un equipo o el síntoma de que se avecinan cambios, y eso un vestuario lo percibe. Si el discurso de la gerencia es que no se paga a un jugador importante, o que no se paga a los jugadores de las posiciones mal retribuidas en el mercado, puede hacer que otros desconecten de la organización y del proyecto. Peligroso.  


De igual manera, hay jugadores que por su personalidad o su juego son más mediáticos, y que probablemente retornarán la inversión a pesar del riesgo que suponga garantizarles una parte mayor del contrato. Algunos propietarios son más sensibles a dejar marchar a sus estrellas por cuanto que pueden priorizar el negocio al proyecto deportivo, aunque no siempre lo hagan de forma consciente.

Apostando por sí mismos

La situación del jugador respecto a estos 4 parámetros definirá la influencia que tiene éste en la negociación frente al equipo, aunque el franchise tag pueda parecer una barrera infranqueable. En 2018 Le’veon Bell desafió al sistema y, tras jugar bajo el tag la temporada anterior, se negó a jugar bajo una segunda etiqueta con los Steelers cuando tenía los mismos 26 años que ahora tienen Pollard y Saquon. Muchos han dicho que dejó de ganar $14.5M por aquella temporada inactivo, lo que sirve de argumento para los que creen que los running backs de este mercado no tienen influencia en sus negociaciones. Pero Le’veon consiguió firmar, a sus 27 años, un acuerdo multianual con $35M completamente garantizados. Y en mi opinión ganó, aunque su carrera casi se terminara por aceptar jugar para Adam Gase en aquellos Jets, lo que a buen seguro jugó más en su contra que estar un año sin pisar los emparrillados por renunciar a aquel segundo tag. Porque, ¿quién le habría firmado un contrato como ese si se hubiera lesionado o si su temporada 2018 con los Steelers no hubiera sido la esperada?

Los running backs no persiguen un promedio anual enorme, ni muchos años de contrato. No quieren (ni probablemente puedan) firmar por un millón más que el último jugador de su posición que consiguió un contrato. Para un corredor, por el riesgo que conlleva su posición, el garantizado lo es todo, ya que su carrera puede terminarse en el próximo snap. Y porque en la gran mayoría de los casos, el primer gran contrato de veterano es también el último. De ahí que la última hornada de la aristocracia de los running backs esté luchando por la bolsa grande de dinero.

Por todo lo anterior, de los jugadores depende tensar la cuerda y demostrar que tienen más poder en esas negociaciones de lo que se ha hecho creer. El mercado se ha cerrado tanto para jugadores como para equipos, porque a ninguna de las partes le quedan alternativas fuera de su edificio, lo que ha reducido el mercado general a sólo el del propio equipo. Es en ese contexto en el que se lleva negociando durante semanas y en el que se negociará durante el próximo mes, y en el que perderá el que antes ceda la mano en base a sus miedos y necesidades.

Cuando los equipos hablen de los bajos contratos de la agencia libre, los jugadores defenderán el status de su posición tanto con los picks de Bijan Robinson y Jahmyr Gibbs en el draft como con los contratos de los supervivientes Kamara y Henry que, pese a los rumores, no han sido cortados porque sus equipos siguen esperando su importante y necesaria contribución. Cuando los gerentes hablen de una liga de grandes quarterbacks pasadores que no necesitan de grandes corredores para ganar la Superbowl, los running backs se defenderán aludiendo a que no hay mariscales de campo de alto nivel para todos. Los general managers y entrenadores que sólo dispongan de quarterbacks de nivel medio o de uno joven en desarrollo tendrán que valorar cuánta responsabilidad quieren poner en sus manos por ahorrarse unos pocos millones de su propietario a costa del riesgo de su reputación. Éstos hablarán de lo fácil que es reemplazar a estos corredores, sabiendo el riesgo que conlleva apostar por otros en el ocaso de su carrera, o sin la madurez y el talento que desnuda el pick de ronda tardía en la que los eligieron.

Ambos lados de la mesa saben que nadie encaja tan bien y tan rápido como los jugadores que ya jugaron en el equipo. Pero en los negocios todo vale para ahorrarse o conseguir un dólar extra. Y aunque llegará un momento futuro del proceso en el que el equipo jugará al son de un QB élite que podrá tirar del equipo sin un corredor premium, mientras esto no sea una realidad, crecer desde la carrera reduciendo riesgos y controlando el reloj, será una necesidad.

Estos próximos días, el futuro de la posición de running back podría estar ante un momento decisivo en función de lo que indiquen los mercados de cada equipo. El 17 de julio sabremos si la liga le devuelve a esta élite de jugadores su status, o si por el contrario, nos espera el que a buen seguro será el culebrón del verano en la NFL en forma de huelga si alguno no firma el tag. Como dijo Saquon hace unos días, «es tan sólo una cuestión de respeto, de eso va todo». Así de simple. Así de complejo.

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Por Pablo Cañibano


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Un comentario en «FECHA LÍMITE: 17 DE JULIO – LOS MERCADOS DE RUNNING BACKS.»

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