Cuando se habla de la posición de QB, parece que hablemos de una entidad ajena a la NFL. En el resto de posiciones, es habitual considerar que existe una clase media, que hay jugadores que son titulares, pero que quizás no sean estrellas en el corto plazo o que incluso no pasa nada por pagarle con el objetivo de que el equipo pueda crecer en los próximos años. Con los QBs ya solo existen dos opciones, el jugador que es un mega élite y por tanto puede decidir prácticamente lo que quiere en la franquicia y el que no lo es. Y en el caso del segundo, cada vez es más evidente que los propios fans se ponen en su contra a la mínima que la situación del equipo no es perfecta. Como cuando se hacía el comentario sobre que había una Europa rica y una Europa pobre, y ambas se distanciaban más, en la NFL está pasando exactamente lo mismo.

Los QBs ricos

Vayamos primero al caso de los dos QBs MVPs en el mercado de fichajes de 2023. Y es que este año, la Free Agency y los trades están siendo mucho más limitados de lo habitual, con todo el mundo limitando el gasto y esperando y confiando a la clase de 2024 y a un draft cargado en menos posiciones de lo habitual. Pero Lamar Jackson y Aaron Rodgers copan noticias, mensajes, condicionan las planificaciones y provocan el enfrentamiento abierto entre las fanbases que los quieren o les aborrecen y el motivo es obvio. Ambos son MVPs, ambos son considerados de los mejores de la NFL y por tanto, su poder de decisión ha aumentado en todos y cada uno de los aspectos de la franquicia, desde control sobre el nuevo HC, hasta recomendación sobre que jugadores se deben firmar.

Es el caso de Aaron Rodgers, que de ser el sucesor de Brett Favre en Lambeau, ha pasado a ser el sucesor de los plantones del veterano QB en Lambeau. Y es que su carrera y la de Brett empieza a parecerse incluso en la forma de querer tomar decisiones. La marcha de Favre a los Jets fue traumática, con varios años de amenazas de retirada, una retirada, y una vuelta en agosto que desembocó en un trade desesperado a última hora, con Rodgers ya definido como el QB1. En este caso, el pick de Jordan Love y el del propio Rodgers tiene cierto paralelismo, pero el final ha sido aún más extraño, con dos MVPs y varias amenazas de retiro, de irse y de odiar a la franquicia con posteriores reconciliaciones.

B.Favre – A.Rodgers


Rodgers se marcha y parece que los Jets esperan, pero aquí es donde está la diferencia entre QBs. Nueva York no ha esperado solo a que Aaron declarase su interés, ha estado durante los últimos dos meses intentando hacer que todo estuviese del agrado de Rodgers para poder luego negociar un traspaso con los Packers que parece tremendamente espinoso. Había otros titulares en la posición que seguramente costarían menos y serían una mejora sobre lo que hemos visto, pero nadie es un MVP de la competición, a pesar de la edad que tiene.

Y a su vez, otro MVP de la NFL sigue sin equipo. La situación de Lamar Jackson es extrañísima, con un franchise tag sin marca de exclusivo, con debate sobre su precio y debate sobre su contrato garantizado. Irónicamente y a pesar de las críticas que está recibiendo, es obvio que muchos equipos de la competición estarían interesados en él, aunque fuese con un contrato garantizado. ¿Cómo lo sabemos? En los casos de Deshawn Watson y Kyler Murray, los cuales recibieron ese tipo de contrato sin que hubiese debate. Pero, la situación de las rondas y las opciones de que los Ravens igualen el contrato, complican mucho la situación.

Lamar Jackson


Seguramente su futuro acabe pasando por una temporada más en Baltimore, pero da la sensación de que una vez se acabe la saga de los tags, Lamar será otro jugador que decidirá su propio futuro y que sobre todo, tendrá poder de decisión sobre más cosas que solo su posición como sus compañeros o incluso sus coordinadores. Es el precio a pagar por un QB Top 10 de la NFL, la que parece la única opción de ganar un anillo exceptuando elegir a un jugador en esta posición con su contrato rookie

La cada vez más debilitada clase media

En una posición intermedia de esta offseason hay dos QBs que han conseguido un contrato como titulares y que a su vez todos consideramos de transición: Derek Carr y Jimmy Garoppolo. En esta posición, lo extraño es como su posición se ha ido difuminando en los últimos meses, siendo culpables de todos los males de sus equipos y siendo simplemente pasajeros cuando las cosas han ido bien.

El caso más sangrante en lo personal es Derek Carr, el cual ha dado una estabilidad que los Raiders no habían tenido en décadas en la posición. Aficionado del antiguo equipo de Oakland, buen QB, buen compañero y líder, el jugador ha visto como cada vez que llegaba un nuevo entrenador a la franquicia, él era el nombre que se ponía en la palestra como alguien que no gustaba. Y el único motivo es que estaba en un contrato que no era rookie y no peleaba por el MVP, a pesar de que su contrato era beneficioso para Raiders. En cuanto la temporada ha ido mal y no han decidido echar al HC, Carr ha sido el cabeza de turco ideal para asegurar que es un QB mediocre y que no sirve si quieres ganar el anillo. ¿Lo de 2021 con todo el caso Gruden y llegar a Playoff? Todo olvidado. Irá a Saints, donde parece que sus opciones de ganar un título son exiguas y donde cobrará por un contrato parecido al que tenía en Raiders.

Derek Carr


Jimmy Garoppolo es la definición de la clase media-baja de los QBs NFL. Está dentro de los 32 mejores de la competición y a pesar de sus problemas con las lesiones, siempre que está en el campo cumple, si bien no es una figura extraordinaria. Su tiempo en 49ers debería haber acabado el verano pasado, pero que no hubiese interés en un trade por él, desembocó en que acabase siendo QB2, 1 después de la lesión de Lance y que volviese a tener 9 buenos partidos que le situaban como candidato a ser QB1.

Y donde recae es en unos Raiders que han dejado ir a Carr para estar con un QB del mismo puesto para el aficionado, pero que tiene ya relación con Josh McDaniels, lo cual siempre es positivo en un ataque. Pero a su vez, le han dado un contrato que deja claro, igual que en 49ers, que seguramente no sea el QB que se mantenga en la franquicia en el futuro próximo. Y con un 7 del draft, es más que probable que Las Vegas se plantee elegir al cuarto QB del draft, o que opte por elegirle en segunda ronda. Jimmy G va a acabar siendo la niñera de QBs rookies a desarrollar, justo lo que le pasó a otro buen QB como fue Alex Smith.

Jimmy Garoppolo


El resto: Cobran bien, pero sin opción a estabilidad

Y finalmente llegamos al puesto final de la agencia libre en la posición de QB, que es una mezcla de jugadores que en el Draft apuntaban mucho, temporeros que siempre han cumplido y todo lo que hay entre medias de estas dos categorías. Lo irónico es que este año, todos han tenido un momento donde podrían haber aparecido en una de las dos clases previas, pero no lo consiguieron por diversos motivos. Pero en el que yo me quiero centrar, es en aquellos que podrían haber sido QBs de la clase media, y nunca lo fueron por culpa de que no se les dio la suficiente estabilidad.

El caso más claro de temporero que podría haber sido clase media es Case Keenum. El héroe del Minneapolis Miracle, saltó de unos Vikings que confiaron en Cousins (otro QB de clase media cuyo contrato parece amenazado para 2024) y tuvo que ganarse el puesto en Denver. De Denver saltaría a Washington, en ambas franquicias como un QB claramente de transición para acabar finalmente como QB2 de garantías en Browns y Bills. Ahora, vuelve al rol de QB1 que solo está ahí para que un rookie, elegido en el top 5 del Draft, pueda desarrollarse sin una presión inmediata en Houston. Y obviamente Keenum nunca será un MVP de la NFL, pero sí que podía haber funcionado de una forma correcta.

Case Keenum


En el otro lado, están los héroes venidos a menos como Darnold, Mariota o Mayfield, jugadores que prometían transformar a sus equipos en contenders. Pero la inestabilidad llegó a ellos en el caso de franquicias disfuncionales, cambios constantes de coordinadores y otros jugadores como Tannehill o Watson poniendose a tiro, acabando definitivamente con sus oportunidades de ser titulares. Los tres viajan a una franquicia donde tendrán que pelear el puesto, si es que siquiera lo pelean, contra QBs novatos, lo que ellos en algún momento fueron, que esperan y confían en conseguir un jugoso segundo contrato que les saque supuestamente de la ventana de oportunidad para ganar la SuperBowl.

Darnold ha acabado en la guerra de los novatos entre Lance y Purdy, haciendo el papel de alguien que ya hemos hablado en este artículo, Garoppolo. Mariota irá a Eagles después de que hace menos de una década Chip Kelly quisiese invertir la franquicia por subir a por él y Mayfield peleará con Kyle Trask para ser el sucesor de Tom Brady en unos Tampa Bay Buccaneers en reconstrucción.

El futuro de la posición.

Es sorprendente, a sabiendas de que un QB suplente cobra más o menos lo mismo que un LB titular, pero cada vez parece más claro que muchos equipos se van a adherir a la fórmula de Draft, Elite o nada. Al menos, los aficionados ya han tomado esa postura donde todo hace indicar que solo existen dos fórmulas de ganar un anillo. La primera y más difícil es tener a alguien como Tom Brady, Peyton Manning o Patrick Mahomes, algo que solo pueden tener tres franquicias, cinco como mucho. La otra opción es tener a un jugador en contrato rookie en la posición, gastando el resto de cap en todas las posiciones alrededor.

Evidentemente esto tiene sentido en el momento en el que un equipo puede gastar mucho menos, pero no en el sentido de ir cambiando cada 5 años de QB porque es más rentable económicamente. No es una opción realista creer que si todos los años eliges un QB en primera ronda, te va a salir el futuro Joe Burrow. Eso ya lo intento un equipo, los Cleveland Browns, y la realidad es que su lista de QBs es tan larga que asusta, destrozando carreras de forma constante por la ansiedad de encontrar a su ansiado líder.

Lo lógico sería aceptar que QBs como Dak Prescott, Kirk Cousins o Derek Carr son lo suficientemente buenos como para hacer un equipo competitivo y estable, con la gerencia teniendo que acertar en el resto de posiciones. Obviamente esto puede ser extrapolable a otras posiciones, pero en la posición principal del campo nos llevaría a una NFL donde los QBs novatos tienen tiempo de desarrollo y no es un drama su quinto año, el darselo, él no, y si están preparados. En 2023, Daniel Jones ha sufrido ese problema. Posiblemente el año que viene Tua Tagovailoa, si los Dolphins no entran en Playoff, esté en una situación similar. Y todo porque una estadística dice que un QB no puede cobrar más de x por ciento en el cap si no es Tom Brady.

Por tanto, si queremos que aumente el nivel de los QBs en la NFL, no hay que fijarse en los top 5, si no en aquellos que salen de su contrato rookie y entran en la zona media. Si se establecen en un equipo y tienen tiempo, lo más probable es que sean capaces de avanzar y que su contrato no sea tan desastroso como se presupone para el equipo. Pero como siempre, es más fácil (para lo bueno y lo malo) mirar al emparrillado que fijarse en lo que ocurre entre bambalinas o en la banda.


@Santiago Tomasi

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